Una conducta despreciable y miserable
El odio de esa gente es tan grande que no da cabida a unos edificios, que hasta hace poco tiempo, guardaban una significación espiritual viva. Ni siquiera han tenido la decencia de dejarlos intactos o buscarles una utilidad, aunque sea meramente documental. El espíritu de Atila campea por los antiguos asentamientos de Gaza, con su carga de irracionalidad y locura. EL EDITOR
Tenerife 9 de elul 5765 B"H Foto de ONE JERUSALEM
En mi angustia y rabia no caben paliativos para calificar a quienes han perpertrado la quema o destrucción de las recién desalojadas sinagogas de la Franja de Gaza, una vez que el Ejército de Israel dio por terminada su presencia en la zona por imperativo legal. Miserables y despreciables son aquellos que han actuado de manera tan burda y estúpida, un mal ejemplo para el resto del mundo, una incitación a la violencia antisemita, una carga contra todos los símbolos que representan la santidad y los valores del Judaísmo en cada una de sus vertientes, pero especialmente, en la que encierra la intimidad de las casas de oración o betkneset, que en su silencio mancillado por el fuego atesora miles de sentimientos y emociones.

