El destino y la infamia arruinan la juventud del soldado Guilad Shalit. Tres años de cautiverio constatan este aserto y no porque haya sido apresado en el marco de una guerra, batalla o escaramuza en un territorio en conflicto, sino que fue secuestrado a ras de carretera por milicianos terroristas. En algo más de 1.000 días se han sucedido negociaciones para lograr su liberación y hasta medió la desastrosa operación en Gaza, que pudo haber sido una oportunidad para su liberación. El diario independiente israelí Haaretz (País) reproduce informaciones publicadas por el periódico Al-Shar Al-Awsat, que se edita en Londres, que apuntan hacia un posible acuerdo para la liberación del soldado Guilad Shalit, a cambio de 1.100 prisioneros palestinos, de los que 400 serían designados por Hamas. En el paquete entrarían también ministros y parlamentarios de la facción terrorista.
De acuerdo con esa versión, que tendría que confirmar las autoridades israelíes, el Gobierno tendría que asumir el compromiso de desbloquear la franja de Gaza. Además, se apunta que este eventual acuerdo cuenta con el beneplácito de la Casa Blanca o administración Obama.
La dilación en resolver este angustioso asunto, muy particularmente, para la familia del joven soldado, y para la sociedad israelí, adquiere tintes escandalosos. Ni los gobiernos de Ehud Olmert ni de Benjamín Nethanyahu han resuelto este drama humano.
Por lo que se ve, los árabes se lo montan a lo grande y amplían el chantaje a niveles insoportables: Uno por 1.100. En principio, no habría nada que objetar, y tragar todos los sapos posibles, si de verdad se salva la vida de Guilad Shalit o de cualquier persona. No merece la pena entrar en juicios comparativos ni sobre calidades humanas.

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